La batida parece aparentemente demasiado fácil, ya que el faisán se eleva lentamente hacia el cielo delante del cazador, que no tiene más que dispararle a tenazón.

 

Pero cualquiera que haya visto pasar un faisán a 20 metros de altura y a unos 60 o 70 km por hora, sabe que no resulta tan fácil cobrarle. Si el faisán no es partidario de volar, cuando lo hace es como una bomba ante las piernas del cazador. El novato suelta normalmente demasiado rápido el tiro, destruyendo literalmente la presa. Si por lo contrario tira más lejos, es con la inseguridad de cobrarlo, y si lo hierre, como esta animal es más resistente de lo que se pueda pensar, puede proseguir su vuelo para caer varios centenares de metros más lejos. Hará falta un buen perro retriever para traerlo, añadamos a esto la morfología misma del ave, cuya larga cola, sobre todo en los machos, falsea a veces el tiro privando al animal de su adorno más preciado.

 

Si los perdigones le alcanzan un órgano vital, el faisán normalmente cae como una piedra o al término de un curioso vuelo en espiral, primero ascendente y luego descendente. Pero a veces ocurre que solamente se le derriba, en cuyo caso habrá que enviar inmediatamente un perro en su búsqueda, ya que al ser un excelente corredor se pondrá enseguida a cubierto donde no se le pueda sacar.

 

Un tiro al suelo no es muy ortodoxo, pero a veces es muy útil. Eso siempre y cuando el animal no se encuentra demasiado cerca.

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